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domingo, 7 de junio de 2009

Fue la peor vergüenza

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El Diario

Perder un partido de la manera como lo hizo ayer la selección boliviana es una total vergüenza.

Es inexplicable que siendo dueños del balón no se haga podido concretar goles, porque opciones se las generó varias, pero la ineficacia y el exagerado individualismo por convertirse en el héroe de la fecha sepultaron las ilusiones del triunfo.

Venezuela hizo su juego, cumplió su cometido, más que proponer un fútbol atildado, con buena técnica, corrió, marcó y aguantó, aspectos que marcaron la diferencia para lograr una victoria histórica para el balompié venezolano.

Por la forma y manera cómo encaró el partido, la selección ni entrenando 30 o más días, o jugando otros 90 minutos, hubiera podido cambiar el desenlace final del compromiso, porque los integrantes del combinado verde estuvieron lejos del nivel con el que golearon a Argentina, se olvidaron del plus adicional que le pusieron en ese encuentro, actitud y hambre de gloria; más parece que les valió llenarse el bolsillo y se olvidaron que eso se justifica con triunfos o realizando buenos partidos. Ayer no hubo ni lo uno ni lo otro.

No se puede echar la culpa al penal errado por Marcelo Martins, porque lo claro del encuentro es que gran parte de los jugadores de la selección estuvieron “perdidos” en una cancha donde el fútbol pobre y mezquino, porque ni Venezuela hizo los méritos suficientes y necesarios para llevarse un triunfo gracias a un descuido defensivo de Ronald Rivero que en su intención de despejar un balón le cambió de dirección y engañó a Carlos Arias para marcar en propia meta. Lo valorable del cuadro venezolano es que supieron cuidar el tanto con perdida del tiempo o engañar al árbitro con artimañas simulando faltas graves que simplemente servían para ganar o perder tiempo como quiera entendérselo.

Fue un partido desdibujado, los jugadores del seleccionado nacional perdieron la línea de juego, no era la tarde, porque el fútbol no fue el de los mejores, no hubo entrega, nadie se puso el hombro al equipo, salvo Alex Da Rosa, quien buscó el arco pero no pudo hacer mucho porque no tuvo el acompañamiento necesario.

Bolivia, a ratos atacó con siete hombres, pero ninguno acertó en la manera ni la forma de cómo penetrar en frontón que edificaron los venezolanos, quienes en gran parte del partido plantearon dos bloques defensivos infranqueables. Con pelota por el piso se puede lastimar, pero la levantaban innecesariamente permitiendo que los rivales en ese contexto.

Venezuela ganó a un equipo sin alma, que entró al campo de juego a cumplir con la programación y nada más, ante un plantel que vino a dar una lección en casa ajena, que vino trayendo todo un proceso, para conseguir un resultado histórico, porque la “vino tinto” ganó por primera vez en el Hernando Siles.

Su juego la basó en el control de mediocampo para atrás, con salida de contragolpe a través de Giancarlo Maldonado, el único que, a veces, desesperó a la defensa boliviana.

Sobre mojado llovido, el equipo verde terminó el encuentro con nueve hombres que al final no se notó mucho. Fueron expulsados Marcelo Martins y Leonel Reyes.

En fin, no fue la tarde para los bolivianos que jugaron mal y se fueron con la cabeza por los suelos, mientras que los venezolanos celebraron el encuentro con todo, ya que habían conseguido el propósito de meterse en la lucha de la clasificación. Venezuela, jugó un partido diferente que apeló al pelotazo y al centro del campo de juego.

La derrota nos volvió a nuestra triste realidad.



$us 170.000 al agua

El presidente de la República, Evo Morales, visitó el pasado viernes a la selección boliviana, para saludar a los jugadores, apoyarlos y motivarlos, pero fundamentalmente para incentivarlos en la parte económica para que puedan ganar a Venezuela, pero todo fue vano y los 170 mil dólares que les entregó, a todo el equipo, se fue al agua.

Eso por supuesto originó una gran molestia en esferas gubernamentales, según se conoció, y no era para menos porque los integrantes del combinado nacional no cumplieron con el cometido y el Presidente, con toda la razón, debería estar decepcionado.

El dinero que entregó la empresa ITS por la goleada que le propinó a Argentina, también habría dejado una secuela de inconformidad en algunos jugadores, al punto, se dice, que derivó en la renuncia de Joaquín Botero, quien habría expresado su descontento por la forma de distribución de los 66 mil dólares.

El dinero que entregó Evo Morales estaba destinado para los jugadores y el cuerpo técnico de la selección, no para dirigentes o terceras personas que colaboran con la Federación, pero se rumoreó que un “tercero” habría sido beneficiado con la repartija.

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