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miércoles, 13 de julio de 2011

‘El príncipe’ . La historia de Danilo Alvim

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El Deber

Danilo Alvim tenía 19 años y ya era un espigado, alto y habilidoso jugador del club América de Río de Janeiro. Todo indicaba que ese tímido mediocampista ‘pintaba’ para crack, pero la tragedia casi tuerce su destino.


En 1949, cuando comenzó su vida como jugador profesional, un automóvil lo atropelló en el momento en el que él descendía de un omnibus.


El parte médico indicaba que el joven había sufrido la fractura de sus dos piernas en múltiples partes y quedó con una de sus tibias expuesta. Durante 18 meses, Danilo Alvim permaneció enyesado y parecía el fin de su carrera como deportista. Sin embargo, su pasión por el fútbol fue mucho más fuerte y en la segunda mitad de 1942 empezó a realizar ejercicios de recuperación muscular y al año siguiente volvió a las canchas, y además firmó contrato por dos años con el América.


Sucesos como el anterior, que van del drama a la dicha y viceversa, caracterizaron la vida del que fuera el director técnico de la selección boliviana de fútbol en el Sudamericano de 1963. El único campeonato que ha ganado el país en el certamen que hoy se llama Copa América.
Danilo Faria Alvim nació el 3 de diciembre de 1920 en el barrio Rocha, de la ciudad de Río de Janeiro. Su madre se llamaba Edite y su padre, que era agente inmobiliario, Alcidio.


Tras su regreso a las canchas, en 1943, tuvo que enfrentar otro problema, el técnico Gentil Cardoso lo pusó en la listas de los jugadores transferibles del club, pero la directiva del América prefirió prestarlo al club Canto do Río para disputar el campeonato regional. Alvim exhibió en las canchas una sorprendente calidad. La revista brasileña Placar lo describió como un jugador con gambetas cortas pases precisos y lanzamientos majestuosos; un estilo tan refinado de jugar al fútbol que recibió el apodo de ‘El príncipe’, ese sobrenombre lo acompañaría durante toda su carrera deportiva.


Al verlo jugar Gentil se dio cuenta de que había cometido un grave error en dejarlo marchar y lo trajo de vuelta para la siguiente temporada.


Por aquella época el entrenador Flávio Costa dirigía la selección de Río de Janeiro o Carioca y llevó al estadio del América a entrenar al equipo. En medio del partido, el mediocampista Rui se lesionó y colocó a Zazur en su lugar, pero necesitaba cubrir ese puesto en el equipo de reserva, así que pidió al entrenador de los juveniles del América que le sugiriera un jugador. Llamó a Alvim, que se encontraba en las graderías, y continuó el partido. Nuevamente el talentoso jugador deslumbró con su juego y terminado el encuentro, Flávio Costa lo invitó a formar parte de la selección regional. De allí en adelante su figura sería fácilmente reconocida por los hinchas, colegas y por los entrenadores. Uno de los que más se entusiasmó con su juego fue Ondino Vieira, que dirigía por esos años el Vasco da Gama. Él fue a buscarlo para contratarlo.
Fichado por el Vasco da Gama, el medio

campita viviría en ese club los mejores años de su carrera deportiva. En 1947 salió campeón de Río de Janeiro, certamen que volvería a conquistar en 1949, 1950 y 1952. Además de ganar el campeonato de clubes campeones de Su- damérica en Chile el año 1948. Alvim formó parte del equipo más importante de la historia del club y que fue denominado ‘Expreso da vitoria’. Aún hoy es incluido en una selección de los mejores jugadores de la historia del club.


Por aquellos años brillaba también Zizinho, jugador de Flamengo, eterno rival de Vasco da Gama, pero a ambos jugadores siempre los unió una gran amistad, que no estuvo excenta de roces, pero que al final terminó por prevalecer. Zizinho y Alvim compartieron equipo en la selección carioca y en la selección nacional de Brasil que se consagró en el campeonato Sudamericano de 1949.
Ese mismo año, el mediocampista vivió un capítulo novelesco en su vida, ya que se escapó de su casa y de su club para casarse con Zelinda, una chica que no era del gusto de los padres del jugador. Al ‘desaparecer’ de todos los lugares que frecuentaba, sus familiares llamaron a la Policía y finalmente fue ubicado en el interior de Río de Janeiro, donde había decidido pasar su luna de miel. “Zelinda, de nuevo en gracia con los suegros, vivió feliz y tuvo un hijo”, relata el periodista brasileño Antonio Fonseca.


Un año después se realizaría el Mundial de Fútbol en Brasil. Todo el país estaba confiado en que la escuadra local obtendría el campeonato al llegar a la final con goleadas a rivales como España. De ese equipo era pieza fundamental el jugador carioca.
Los dirigidos por Flávio Costa se enfrentaron a la selección uruguaya e inesperadamente perdieron 2 goles contra 1. Toda la fiesta previa que se había preparado quedó frustrada y la desazón de los jugadores brasileños fue total. Una de las fotos que graficaron ese momento y que se hicieron más populares muestran a Danilo Alvim llorando desconsoladamente, mientras es abrazado por el locutor de radio Jaime Moreira. Esa derrota marcaría a fuego la vida del mediocampista. “Fue algo que no pudo superar jamás y siempre recordaba”, cuenta el periodista Cucho Vargas, que entabló amistad con él durante su estadía en Bolivia.


En 1954 y en el declive de su carrera futbolística fue transferido al Botafogo, donde jugó por dos años más y luego fue contratado por el Uberaba de Minas Gerais en las funciones de jugador y técnico al mismo tiempo. Esa fue la última etapa de su participación en las canchas. Una vez retirado confesó que desde su accidente en los años 40 su pierna derecha no se podía doblar por completo. Pese a ello, el talentoso jugador había desarrollado una carrera loable que lo colocó entre los mejores jugadores de la historia del fútbol de su país.
En su etapa de entrenador siguió dirigiendo el Uberaba y luego a otros clubes de diversos estados de Brasil. Sin embargo, su éxito más resonantes fue con la selección boliviana de 1963.


¿Cómo fue que Alvim llegó a dirigir la selección nacional?
“Fue de manera accidental, porque Jorge Rojas Terán y Roberto Prada eran dirigentes de Wilstermann y viajaron a Brasil para buscar un técnico. Prada también era presidente de la Federación Boliviana de Fútbol y en esos días, en su etapa de preparación para el Campeonato Sudamericano, había tenido una actuación calamitosa. Era necesario un nuevo técnico y finalmente convencieron a Alvim que viniera a Bolivia a dirigir la selección”, cuenta Vargas.


El periodista recuerda que cuando el excrack brasileño llegó se encontró con un equipo desmembrado y derrotado, pero poco a poco fue uniendo al equipo y haciendo que su juego sea ordenado. “Era un hombre realmente creativo que dispuso la concentración del equipo en el Colegio Militar, donde fue conociendo mejor a los jugadores. El primer partido fue un empate con Ecuador, pero fue considerado como un fracasó por la afición. Bolivia perdía 4 a 2 y terminó 4 a 4. Danilo recibió ese revés con tranquilidad y optó por reunirse con los jugadores, conversar uno por uno con ellos y tratar de devolverles la confianza. También escucho algunos consejos que le dimos con Lorenzo Carri, y contra Colombia y luego con Perú el equipo funcionó a las mil maravillas y se obtuvo el título en condición de invicto”, rememora el periodista.


Pese al éxito alcanzado y a la oferta de continuar dirigiendo la selección nacional, Danilo Alvim decidió volver a su país. Él nos confesó que extrañaba mucho a su familia y amigos, y por eso decidió retornar con su pequeño hijo de ocho años, que lo acompañó en su incursión a Bolivia.
El entrenador nunca más volvió al país y dirigió sin mucho éxito otros equipos brasileño. En 1996, algunos meses antes de su muerte, Vargas lo entrevistó para su revista y programa de televisión Enfoques. “Nos recibió con mucha cordialidad. Reiteró su cariño y amor por el país por el logro conseguido, pero no dejaba de recordar con tristeza la final del mundial del año 50”, asegura el periodista.
El 16 de mayo de 1996, ‘El príncipe’ falleció en una residencia de ancianos de su ciudad natal, pobre e injustamente olvidado.

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