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lunes, 26 de enero de 2026

El laberinto de las transferencias: el caso Moisés Paniagua y la difícil exportación del talento boliviano

 La reciente transferencia del volante Moisés Paniagua del Always Ready al Wydad Casablanca de Marruecos ha reavivado el debate sobre las enormes dificultades que enfrentan los futbolistas bolivianos para dar el salto al exterior. Más allá del éxito de la operación, este caso ejemplifica un camino lleno de obstáculos institucionales, prejuicios de mercado y una compleja red de intermediaciones necesarias para que el talento local sea visible.

🔍 Una negociación de siete meses y oportunidades perdidas

El agente Silvio Fontana, artífice de la transferencia, detalló que la gestión demandó más de siete meses de esfuerzos. Aunque el interés por Paniagua fue alto, incluso con sondeos del poderoso Chelsea de Inglaterra, la operación se topó con la cruda realidad del fútbol boliviano. "Para poder incorporarlo a la Liga Premier tenía que pasar por un club satélite", explicó Fontana, revelando una de las principales barreras. La falta de visibilidad y el estatus del fútbol boliviano obligan a estos rodeos, donde un club europeo mayor prefiere probar al jugador en una liga puente antes de arriesgarse. Fontana señaló que la espera y los tiempos de Always Ready hicieron perder esa oportunidad con el Chelsea, lo que obligó a enfocarse en otras opciones.

🌍 El peso del pasaporte y el estigma histórico

La travesía de Paniagua no es un caso aislado; es la regla para los futbolistas bolivianos. ¿Por qué no se puede ir directamente a España o Inglaterra? La respuesta es multifactorial. Fontana lo atribuye a que Bolivia "no somos un mercado vendedor", sino uno con talentos puntuales cuya exportación tiene un historial irregular. Jugadores como Ronald García, que triunfó en Grecia, abrieron puertas para otros como los hermanos Bejarano. Sin embargo, casos como el de Pedro Azogue o Samuel Galindo —que no se consolidaron en Europa— generan un estigma que afecta a las nuevas generaciones. Cada jugador que no rinde cierra puertas; cada uno que triunfa, como Roberto Fernández en Rusia, las abre para sus compatriotas, como lo hizo para Yomar Rocha y Edarlyn Reyes.

Un antecedente histórico ilustra este prejuicio. En 2001, Julio César Baldivieso, ya mundialista y con una trayectoria consolidada, probó suerte en el Olympique de Marsella. A pesar de su pedigree, relató que en los entrenamientos compitió con brasileños y argentinos por un puesto. "De nada le valió ser mundialista", recuerda Fontana. Al final, se quedaron el brasileño y el argentino. Este sesgo hacia futbolistas de países con mayor tradición futbolística y mercado sigue vigente.

🇲🇦 Marruecos: una vitrina estratégica para el salto mayor

Ante las puertas cerradas en Europa, la opción del Wydad Casablanca emerge como un movimiento estratégico brillante. Fontana argumenta que eligieron esta propuesta sobre otras de Europa y Norteamérica por la "plusvalía" y la vitrina que ofrece. El fútbol marroquí, de gran crecimiento, es muy observado por ojeadores europeos, especialmente después del histórico cuarto puesto de su selección en el Mundial 2022. El nuevo estadio del Wydad, con capacidad para 60,000 espectadores y sede mundialista, será el escenario donde Paniagua podrá mostrar su talento a una audiencia global. El plan es claro: que Moisés se adapte, demuestre su nivel en una liga más competitiva y, en un plazo ideal de dos años, concrete una transferencia importante a un fútbol de élite. Always Ready mantiene un porcentaje de esa futura venta, lo que hace de esta una operación con visión de inversión.

⚠️ El otro lado de la moneda: los casos que alertan a los clubes

No todos los caminos al exterior son exitosos, y estos fracasos pesan como una losa. Fontana abordó el doloroso caso de Rodrigo Chura en Grecia. "Es un tema mental", afirmó el agente, señalando que, a pesar de tener las condiciones, al jugador "le falta esa hambre de querer triunfar". La situación ahora es complicada: el club griego es "duro e intransigente" y solo busca recuperar su inversión, mientras que en Bolivia ningún club está dispuesto a asumir ese costo. Casos como este generan desconfianza en los clubes extranjeros, que ven un riesgo adicional al invertir en un jugador boliviano.

🗺️ Otras ventanas: Irak y la búsqueda de alternativas

La necesidad de salir es tal que otras ligas, menos convencionales, se convierten en opciones viables. Fontana también gestionó la salida de Álvaro Quiroga al Erbil FC de Irak. "Sea la liga que sea, es más competitiva que la boliviana", argumenta. Allí, Quiroga tendrá la ventaja de jugar la Champions League asiática, enfrentando equipos de Arabia, Emiratos y Catar, lo que puede ser una excelente vitrina. Fontana fue claro: para muchos jugadores, es la "última chance" para salir, y deben aprovecharla.

💡 Conclusión: un ecosistema frágil que depende del rendimiento

La exportación de talento futbolístico boliviano es un ecosistema frágil que se construye o destruye con cada caso individual. Como resume Fontana, "cada mercado te posiciona en base a lo que vos llevas y los resultados que dan". El éxito de Paniagua en Marruecos, o el de Diego Medina y José Martines en Bulgaria, puede abrir más puertas. Su fracaso, lamentablemente, las cerraría para los que vienen detrás.

La transferencia de Moisés Paniagua es, por tanto, mucho más que un simple traspaso. Es un caso de estudio sobre la persistencia, la estrategia y la esperanza en un mercado global que, para los bolivianos, sigue teniendo fronteras muy difíciles de cruzar. El destino de Paniagua no solo definirá su carrera, sino que también pondrá a prueba, una vez más, la capacidad del fútbol boliviano para colocar a sus estrellas en el mapa mundial.

moises paniagua


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