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miércoles, 30 de mayo de 2007

Todo contra la altura; el llano es intocable

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La FIFA no es ecuánime. Si se preocupa, y mucho, por cuidar la salud de los futbolistas que suben del llano a la altura, no hace lo mismo cuando se produce un efecto inverso. ¿Hay algún estudio científico que demuestre las complicaciones que padecen los jugadores que de la altura bajan al llano y son sometidos a altas temperaturas y porcentajes extremos de humedad? Si los hay no se los conocen, como tampoco se han registrado quejas de quienes, habituados a la altura, tienen que ir al llano a defender la camiseta de su selección o del equipo que les paga.


En la FIFA, eso sí, los médicos están de acuerdo en que no deben permitirse partidos internacionales en lugares que estén a más de 2.500 metros de altitud sobre el nivel del mar.


La historia no es nueva, sino que ya tiene algunos años. Coincide con la época en que los equipos grandes, que antes arrasaban en cualquier parte del mundo, comenzaron a perder en la altura, primero frente a Bolivia, país al que atacaron sin misericordia, aunque no lo vencieron, y ahora a Ecuador, pero de rebote el asunto vuelve a afectar a Bolivia, y también toca a Colombia y Perú.




Según el médico argentino Raúl Madero, galeno de la selección de su país y uno de los dos sudamericanos miembros de la Comisión Médica de la FIFA, jugar a más de 2.500 metros sobre el nivel del mar “viola el Fair Play” que pregona la FIFA.


El diario La Nación informó ayer que en la delegación del seleccionado argentino la noticia del veto fue “la mejor del día” cuando los futbolistas se enteraron de la resolución de la FIFA; y tal sentimiento también se hizo inocultable en el médico Madero, quien como integrante de la Comisión Médica del máximo organismo del balompié mundial había planteado hace varios años esta restricción. De alguna manera, Madero fue el precursor, el pionero, señala el diario argentino.


Para el galeno su postura se justifica en razones científicas, que van más allá de los resultados o conveniencias deportivas. “Yo jugué (con Estudiantes) y padecí los efectos de la altura como jugador y médico. No digo que sea inhumano. Se puede jugar, pero se requiere un periodo de adaptación. Para jugar entre 2.500 y 3.000 metros hacen falta dos semanas de trabajos en la altitud; entre 3.000 y 3.500, tres semanas, y más de 3.500, entre tres y cuatro semanas. Los tiempos cortos y urgentes que hoy maneja el fútbol hacen imposible una adecuación de ese tipo, para rendir en plenitud. Si no hay adaptación se concede ventaja deportiva, lo cual, adecuado al lenguaje de la FIFA, viola el Fair Play”, expresó Madero.


El médico no considera como “un triunfo personal” esta medida de la FIFA, sino como un “avance para evitar lesiones y aplicar el Fair Play sobre la competencia en igualdad de condiciones”. “Para mí, esto es algo científico que va más allá de los resultados deportivos”, finalizó.

La Prensa


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